El tejido urbano adquirió en el siglo XIX una dimensión comercial paralelamente al surgimiento de las marcas. En nuestro tiempo, las calles principales han sido conquistadas por las marcas más poderosas y competitivas, la lucha por el metro cuadrado se libra a unos costes elevadísimos.
La rentabilidad del punto de venta requiere de flujo de clientes y es de vital importancia que las marcas conozcan con fidelidad la realidad de las ubicaciones.